«

»

Jun 14

CRÓNICA EN VERSO A MARTÍ

CRÓNICA EN VERSO A MARTÍ

Por Nuria Barbosa León, periodista de Radio Progreso y Radio Habana Cuba

Desde tu nacimiento el 28 de enero de 1853 aprendimos a quererte como el
hombre sincero, forjado al lado de la palma, donde hay un río, con el
canto del sinsonte y con  el clarín del monte.

Leímos tus escritos y de ellos aprendimos que ser cultos es la única
forma de ser libres. Recitamos tus poemas y conocimos a un maestro que
sólo alcanzó a vivir 43 años, suficientes para mostrar el camino del
conocimiento en los saberes de la filosofía, el arte, la literatura, y
la política.

Fue tu vida un llamado de proezas para alcanzar la independencia de Cuba
y la libertad plena del hombre, sin embargo, tu sueño fue retomado por
generaciones futuras que han convertido utopías en realidad. Hoy los
enemigos de Cuba te invocan absolutizando tus frases y sacándolas del
contexto histórico.

Vislumbraste en la unidad del pueblo y del continente, la única raza
buena capaz de arrollar al monstruo imperial de siete leguas en sus
pies, y evitar, -así- que cayera con esa fuerza más sobre nuestras
tierras de América.

Tu rostro fue esculpido en millares de bustos donde depositamos la rosa
blanca y rendimos tributo. No te veneramos, porque siempre has sido el
hombre de ideas que nos conversó al oído los consejos sabios en el
difícil camino de la vida.

Si Patria es Humanidad, aquí en Cuba hacemos una ofrenda al culto honor
por la dignidad plena del hombre y te decimos: que el amor, madre, a la
Patria, no es al amor ridículo al suelo que pisan nuestras plantas sino
el sentimiento del hijo que vive por ella, calla y muere.

Igualaste al verso con el monte y con el abanico de plumas; lo
describiste como el puñal y surtidor de agua de coral; lo nombraste:
verde claro y siervo herido en el monte amparo; y le diste el vigor del
acero con que se funde la espada.

Eres el leopardo que tiene en el monte seco y pardo un amigo, eres el
sol bueno y el mar de espuma, vienes de todas partes y hacia todas
partes vas, sabes del pesar profundo de la esclavitud de los hombres y
antes del tomar del joyero, la mejor, te quedas con el amigo sincero y
con el amor.

No viajas en el carro de hojas verdes y tampoco morirás como un traidor.
No estarás en lo oscuro y, –como bueno–, te admiraremos de cara al sol.